CELEBRACIÓN DEL DÍA DEL LIBRO: LECTURA DE TEXTOS

El 23 de abril recordamos algunos de los libros que nos han hecho amar la lectura (al menos a algunos) y los quisimos compartir con todo aquel que se acercara por la biblioteca durante los recreos. Varios alumnos, profesores y personal no docente hicieron una lectura dramatizada y muy sentida de fragmentos de Romeo y Julieta, Sandokán, Corazón tan blanco o poemas de Baudelaire, Caballero Bonald o Rubén Darío, todo ello amenizado con música de Purcell y Debussy.

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Aquí tenéis publicados algunos de los fragmentos de los textos que se leyeron. ¡Disfrutadlos!

 

Pequeños poemas en prosa. Baudelaire

“Embriagaos”

Hay que estar siempre borracho. Todo consiste en eso: es la única cuestión. Para no sentir la carga horrible del Tiempo que quiebra vuestros hombros y os inclina hacia el suelo, tenéis que embriagaros sin tregua.

Pero, ¿de qué? De vino, de poesía o de virtud, de lo que gustéis. Pero embriagaos.

Y si alguna vez, en las escalinatas de un palacio, sobre la hierba verde de un foso, en la soledad sombría de vuestra habitación, os despertáis con la embriaguez ya disminuida o desaparecida, preguntad al viento, a la ola, a la estrella, al ave, al reloj, a todo lo que huye, a todo lo que gime, a todo lo que rueda, a todo lo que canta, a todo lo que habla, preguntadle qué hora es; y el viento, la ola, la estrella, el ave, el reloj os responderán: “¡Es hora de embriagarse! Para no ser esclavos y mártires del Tiempo, embriagaos, embriagaos sin cesar! De vino, de poesía o de virtud, como gustéis”.

 

Sandokán, Emilio Salgari.

“A trescientos pasos más allá estaban los cazadores. Delante de ellos avanzaba el oficialillo de marina con el fusil, apuntando hacia un grupo de árboles.

Sandokán se lanzó pie a tierra desde la silla de su caballo gritando:

-¡El tigre es mío!

Parecía otro tigre; daba saltos de diez pasos y rugía como una fiera.

-¡Príncipe! -gritó Mariana, que también descendía del caballo.

Pero Sandokán no oía a nadie en aquel momento y continuaba adelantándose a la carrera.

El oficial de Marina, que le precedía unos diez pasos, al oírle acercarse, apuntó rápidamente el fusil e hizo fuego sobre el tigre que estaba al pie de un gran árbol, con las pupilas contraídas, abiertas las poderosas garras, rugiendo y dispuesto a lanzarse sobre primero que se aproximase a él.

No se había disipado todavía el humo del disparo, cuando se le vio atravesar el espacio con ímpetu irresistible y derribar al imprudente y poco diestro oficial.

Iba a volver a saltar para arrojarse sobre el resto de cazadores pero Sandokán ya estaba allí. Agarró férreamente el kriss, se precipitó sobre la fiera y antes de que esta, sorprendida por tanta audacia, pensara tan siquiera en defenderse, la derribó en tierra y agarrando su cuello con tanta fuerza que ahogó sus rugidos, exclamó:

-¡Mírame! ¡También yo soy un tigre!”


“El nacimiento de la col”. Rubén Darío

En el paraíso terrenal, en el día luminoso en que las flores fueron creadas, y antes de que Eva fuese tentada por la serpiente, el maligno espíritu se acercó a la más linda rosa nueva en el momento en que ella tendía, a la caricia del celesta sol, la roja virginidad de sus labios.
-Eres bella.
-Lo soy -dijo la rosa.
-Bella y feliz – prosiguió el diablo-. Tienes el color, la gracia y el aroma. Pero…
-¿Pero?…
-No eres útil. ¿No miras esos altos árboles llenos de bellotas? Ésos, a más de ser frondosos, dan alimento a muchedumbres de seres animados que se detienen bajo sus ramas. Rosa, ser bella es poco…
La rosa entonces –tentada como después lo sería la mujer- deseó la utilidad, de tal modo que hubo palidez en su púrpura.
Pasó el buen Dios después del alba siguiente.
-Padre –dijo aquella princesa floral, temblando en su perfumada belleza-, ¿queréis hacerme útil?
-Sea, hija mía –contestó el Señor, sonriendo.
Y entonces vio el mundo la primera col.

 

La oveja negra. Augusto Monterroso

En un lejano país existió hace muchos años una Oveja negra. Fue fusilada.

Un siglo después, el rebaño arrepentido le levantó una estatua ecuestre que quedó muy bien en el parque.

Así, en lo sucesivo, cada vez que aparecían ovejas negras eran rápidamente pasadas por las armas para que las futuras generaciones de ovejas comunes y corrientes pudieran ejercitarse también en la escultura.

 

“Espera”. José Caballero Bonald

de Las adivinaciones

Y tú me dices
que tienes los pechos vencidos de esperarme,
que te duelen los ojos de tenerlos vacíos de mi cuerpo,
que has perdido hasta el tacto de tus manos
de palpar esta ausencia por el aire,
que olvidas el tamaño caliente de mi boca.

Y tú me lo dices que sabes
que me hice sangre en las palabras de repetir tu nombre,
de golpear mis labios con la sed de tenerte,
de darle a mi memoria, registrándola a ciegas,
una nueva manera de rescatarte en besos
desde la ausencia en la que tú me gritas
que me estás esperando.

Y tú me lo dices que estás tan hecha
a este deshabitado ocio de mi carne
que apenas sí tu sombra se delata,
que apenas sí eres cierta
en esta oscuridad que la distancia pone
entre tu cuerpo y el mío.

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