Caballero Bonald, Premio Cervantes 2012

Jueves, 29 de noviembre de 2012. El Periódico. com

Era junto a Eduardo Mendoza uno de los principales candidatos. El ministro de Educación ha anunciado el fallo junto a Ana Mª Matute, Premio Cervantes de 2010.

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El poeta, novelista y ensayista José Manuel Caballero Bonald (Jerez de la Frontera, 1926) acaba de ser galardonado con el premio Cervantes, el más importante de las letras hispanas y dotado con 125.000 euros. Licenciado en Filosofía y Letras (también tiene estudios en Naútica y Astronomía), el autor de ‘Las adivinaciones’ (1952) es un “maestro del idioma”, según ha destacado el jurado del galardón, que también ha subrayado la gran creatividad y la proyección iberoamericana de Caballero Bonald, que durante 10 años fue profesor de Literatura Española e Hispanoamericana en la Universidad Nacional de Colombia.

El galardonado, que forma parte de la generación de los niños de la guerra, empezó su trayectoria literaria como poeta, actividad que le situó en el grupo de los años 50 formado en Barcelona con autores como Jaime Gil de Biedma y Carlos Barral. Años más tarde, evolucionó hacia la novela (“novelas que no renuncian a la poesía”, según ha destacado el jurado) así como a las adaptaciones teatrales (‘Abre el ojo’, de Rojas Zorrilla y estrenada en 1979 por la Compañía del Centro Dramático Nacional).

En 1998, Caballero Bonald creó una fundación que lleva su nombre y que se ha convertido en un referente de la literatura y la poética de Jerez. Su última obra publicada, ‘Entreguerras’, hace menos de un año, es un largo poema de carácter testamentario.

POEMA DE CABALLERO BONALD

No terminaría nunca

Ahora podría decir todo

lo que pienso,

lo que nunca

me dejaron saber: fui niño

entre alambradas,

crecí despacio y solo, iba

aprendiendo a callar,

me asomaba a la vida, puse

mi libertad encima

de mis años

 

Tiempo y distancia, ahora

todo está junto, se interpone

como un cristal de sangre

en medio de mi infancia.

Regreso al territorio

que no pude vivir,

remonto la tiniebla de los días

que ya me señalaron

para siempre

con el contrario signo

de la paz, pongo

lo que me queda de alegría

en la ultrajada casa de mi hermano.

 

Podría hablar

y no terminaría nunca. No

terminaría nunca.

 

 

 

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