II CONCURSO COPOCUENTOS NAVIDEÑOS

Desde hoy y hasta el martes podéis votar los copocuentos que más os gusten en cada categoría.

Para ayudaros a elegir cuál de ellos debería llevarse el premio, los podéis leer aquí en el blog.

Cada copocuento está identificado con un número y su categoría.

CATEGORÍA A: para los alumnos de 1º, 2º, 3º de ESO y los alumnos de PCPI

CATEGORÍA B: para los alumnos de 4º de ESO, Bachillerato y Ciclos Formativos

CATEGORÍA C: para profesores y personal no docente

Esperamos que disfrutéis con la lectura:

CATEGORÍA A

1.

Había una vez un lugar muy lejano, cuyo nombre no puedo acordarme, en el que vivía Ben el elfo. A Ben no le gustaba fabricar juguetes ni decorar las casas, no sentía el espíritu navideño. Papá Noel buscó la forma de mostrar a Ben la Navidad. Le mostró varios vídeos de niños muy felices al ver debajo del árbol un regalo con su nombre. Ben se empezó a dar cuenta de que la Navidad no eran solo regalos, sino que también había algo más. Papá Noel le llevó a repartir los regalos casa por casa y Ben comprendió de qué trataba la Navidad. Desde ese día Ben y Papá Noel van de casa en casa repartiendo regalos.

2.

La noche de Reyes me desperté intranquilo, había un ruido en la cocina. Bajé de la cama, fui avanzando poco a poco, pero al llegar a la cocina el miedo me paralizó. A pesar de eso, entré y me encontré una nota que decía:

“Se ha acabado la leche” Firmado Melchor

A partir de ese momento tuvimos leche suficiente para hacer dulce de leche durante todo el año.

3.

La noche de Reyes me desperté intranquilo, había un ruido en la cocina. Me puso las zapatillas de andar por casa, bajé las escaleras y llegué a la cocina. Allí había tres personas, eran unos señores vestidos con trajes. ¿Sabéis quienes han venido a casa? Pues, los Reyes Magos. Se estaban bebiendo el agua, la leche y el café de los vasos que les dejamos mi hermana y yo. No le di importancia y me fui a dormir. Al día siguiente bajé corriendo con mi hermana. Allí debajo del árbol de Navidad había un trozo de carbón con una carta: “Lo sentimos, el café estaba amargo. Para la próxima vez pon un poco de azúcar”.

4.

Miraba desde el cielo azul profundo en una noche especial que odiaba a muerte: la noche de Navidad. Pero es que siempre era lo mismo; calles abarrotadas de gente, tiendas de juguetes y regalos con padres buscando siempre a última hora el regalo perfecto, gente anciana, hipócrita e ilusa que desean Feliz Navidad a diestro y siniestro, sin saber siquiera cual es el verdadero sentido de esta fiesta.

Pero es que al final siempre acabo igual, discutiendo con mis renos por dónde empezar el reparto.

5.

“LA SORPRESA”

Un día un niño que vivía en España tenía muchas ganas de que empezaran las Navidades. En el colegio siempre estaba pensando en ese día. Se estuvo hasta casi un mes sin poder dormir de la emoción. Ya quedaba poco para ese día, cuando estaba montado en un columpio, se cayó y se rompió el brazo. Le escayolaron y tenía que estar así hasta después de Navidades. Llegó el gran día y él veía que no le daban ninguna sorpresa. Esperó un tiempo y al final le dieron tan solo un llavero de regalo a causa de la crisis. Y se vio con un brazo roto y un llavero en la mano.

6.

Me levanté inquieta esa noche, no podía conciliar el sueño. Llovía, tronaba y yo en la cama arropada y pensando “Si llueve y hace frío ya es invierno. ¡Mañana es Navidad! Quiero mis regalos… ¿cuáles serán? A lo mejor lo que yo pedí…. Y mañana a comer con mi familia, ¡cómo me voy a poner de chocolate y chucherías”

De repente un ruido sonó en el salón. No, no eran las ventanas moviéndose por el aire ni las persianas. ¡Eran pisadas! Pisadas de alguien, de una persona. Mi perro ladró y yo me asusté, bajé sin encender la luz, por poco me caigo. Llegué al salón, sólo se veía una llamarada de una vela. “¿Hay alguien ahí? ¿Hola?” Seguía sin contestar nadie, encendí la luz y vi que alguien corría pero se tropezó con el árbol de Navidad. Un estruendo sonó, las bolas rodando por el suelo… Miré y tanta tensión para nada. ¡Era mi padre!

7

Oí un ruido extraño me levanté a ver qué pasaba muy sigilosa con el miedo entre las piernas, cuando llegué al salón. Allí estaban todos los regalos, pero yo seguía oyendo ruidos y más ruidos, cuando descubrí que ese ruido venía del balcón. “¿Serán los Reyes Magos?” Fui corriendo hacia el balcón y no había nadie, pero lo más extraño es que seguía oyendo ruidos. Cuando me asomé lo vi, fue extraordinario; ¡eran los Reyes Magos! Estaban colgados de mi balcón haciendo ruidos e intentando subir. Yo los ayudé y un hombre que paseaba por la calle se quedó pasmado al verlo. Corrió hasta su casa y nos hizo una foto. Al día siguiente aparecí en los periódicos y me hice famosa en el mundo entero como “la niña que ayudó a los Reyes Magos”.

8

La mañana de Navidad, como todos los años, Papá Noel revisó su saco de juguetes, no le fuera a faltar ningún paquete, y se dirigió camino del hospital. No podía perderse las caras de todos los niños enfermos; cómo le miraban entre asustados y entusiasmados, ni cómo le daban las gracias entre risas y lágrimas, cuando uno por uno les iba dando su regalo especial. Papá Noel veía el brillo en sus ojos y eso era suficiente para él, para seguir trabajando otro año más en reunir un sinfín de regalos y juguetes.

Lo peor venía cuando terminaba el día de Navidad y colgaba su disfraz.

10

PAPÁ NOEL FRACASA

Estaba Papa Noel repartiendo juguetes por las casas de los niños, cuando desde el tejado de una de ellas, vio a un hombre un poco ebrio, acercándose al trineo y haciendo el intento de subirse a él. Papá Noel gritaba, pero el hombre estaba demasiado entretenido sujetando las cuerdas de los renos y agitándolos bruscamente para que los renos se movieran. Papá Noel , de los nervios, perdió el equilibrio y cayó a la nieve. Tirado en el suelo, casi sin poder moverse de dolor, vio alejarse su trineo y al hombre ebrio que lo” manejaba”.El hombre alucinado gritó:¡Qué regalazo, Noel, qué regalazo!

11.

Una buena solución

Un día, más bien el de Navidad, Papá Noel vio que Rudolf estaba enfermo y pensó qué podía hacer para arreglarlo. Le preguntó a Mamá Noel y ésta le dijo: ”Tengo la solución” y se la explicó. Ató a Papá Noel al trineo y dijo:”arre, arre”. Y Mamá Noel se fue tan contenta a repartir ella los regalos mientras Papá Noel sustituía A Rudolf.

13.

NAVIDAD SOLIDARIA

Cierto día los Reyes Magos estaban leyendo las cartas de los niños. Los tres quedaron muy sorprendidos al ver la cantidad de regalos que pedían y el precio. Melchor dijo que hicieran un esfuerzo para conseguirlo, pero Gaspar y Baltasar le contradijeron y decidieron no llevarles tantos regalos a los que más pedían, sino que mejor sería distribuirlos a familias y países pobres. Baltasar se los llevó a los niños y familias sudamericanos, Melchor a los africanos y Gaspar , al resto de las familias pobres.

14.

TODO EL MUNDO TIENE FALLOS

Vi a un hombre barbudo en mi casa, pensé que era un ladrón y le rompí la lámpara preferida de mi madre en la cabeza. Lo escondí en el garaje y la lámpara también. Al día siguiente fui a clase y los niños y niñas estaban tristes, yo me preguntaba por qué. Al acabar las clases me fui a casa, desperté al ladrón, pero en ese momento me di cuenta de que era Papá Noel. Lo solté y le pedí que añadiera una cosa en mi lista de regalos: una lámpara como ésta.

15.

LA MEJOR EXCUSA DEL MUNDO

“Los Reyes Magos se disponían a cruzar el Sáhara para llegar al norte de África y Europa, que eran los únicos territorios que les faltaban. Sólo contaban con dos camellos, pues el otro estaba enfermo a saber de qué. Al principio, Melchor y Gaspar en los camellos tan contentos, mientras Baltasar iba andando y arrastrando el carro de los regalos. Él, harto de aguantar las órdenes de Melchor, dejó el carro y les dio plantón. Los otros continuaron cabalgando y tatareando sin notar que un miembro del club se encontraba ausente. Llegaron a la costa norte de África cuando se dieron cuenta de que los regalos no estaban Y los reyes tristes, se recogieron” dijo el padre a sus hijos. Los niños estuvieron tristes, pero a la vez entusiasmados con las hazañas de los Reyes y esperaron al año próximo a ver si tenían los Reyes un poco más de suerte.

17

En un día de diciembre por la noche, un niño dormía muy temprano. A las pocas horas se despertó por un sonido muy raro que resultó ser el de un tren (el tren del Polo Norte). Sin saber por qué, se levantó rápidamente de la cama, bajó las escaleras y salió de su casa para subir al tren con muchos niños más. Era la visita a la fábrica del Polo Norte; la supuesta casa de Papá Noel. Cuando terminó la visita pasó algo increíble. Las vías del tren se congelaron del frío que hacía. Pero el tren echó a volar sin saber cómo ni por qué. Al final todo aquello resultó ser un buen sueño.

18.

Según él era el que más trabajaba; se sentía superior a todos. Era el ayudante de Papá Noel y se llamaba Tunnus. Decía que todo tenía que estar perfecto para el gran día: “Apresuraos, apresuraos, la Navidad está a la vuelta de la esquina. No nos va a dar tiempo”. Los pobres gnomos estaban destrozados y no daban para más. Tunnus los había hecho trabajar tanto y sin descanso. Cuando Papá Noel se dio cuenta de lo que pasaba, llamó a Tunnus y le dijo: “¿por qué apuras tanto, Tunnus, si quedan 4 meses para la Navidad?”

19.

Hace mucho tiempo, en un pueblecito muy lejano, existía una gente muy humilde y pobre que esperaban impacientes la víspera de la llegada de Papá Noel. Pero ellos no sabían que la Navidad estaba en crisis y se tenía que retrasar un poquito. Antes del día esperado, Papá Noel iban en su trineo con su melena al viento, pero tuvo unas turbulencias y los vientos rompieron los engranajes de la máquina y Papá Noel perdió el control. Mientras caía al abismo, gritó a los cuatro vientos: HOU, HOU, HOU, FELIZ NAVIDAD!

20.

Esto empezó el día de Nochebuena, cuando a Papá Noel se le olvidó darles sus regalos a todos los niños del mundo. Por eso decidió darlos el día de los Reyes Magos. Ellos se enteraron, pero no lo dejaron porque ésa era su noche. Días después tres personas secuestraron a Papá Noel, pero él no consiguió verles las caras. Tiempo después consiguió escapar y lo denunció a la policía, pero no tenía pruebas para culpar a los Reyes Magos, tan sólo tenía un trozo de tela rojo, otro azul y otro verde… Finalmente consiguieron encontrar a los secuestradote. ¿Os imagináis quiénes eran? ¡Las tres mellizas! El motivo fue que la bruja Aburrida las castigó y las mandó a un cuento titulado “El despistado Papá Noel”

21.

Érase una vez una hipotenusa que tristemente vivía con sus hermanos catetos, desconociendo su medida. Cateto A y Cateto B de ella se reían, con 3 y 4 centímetros respectivamente no paraban de meterse con Hipotenusa. Se acercaba la Navidad e Hipotenusa una carta a Santa Claus escribía, pidiéndole por favor su medida. La Navidad llegó e Hipotenusa su medida todavía no conocía. Lo único que recibió fue una carta con la dirección de un tipo llamado Pitágoras. Hipotenusa le visitó y el matemático le enseñó que su medida al cuadrado era la suma de los dos cuadrados de los catetos. La operación Hipotenusa realizó y su medida halló. Desde entonces muy felizmente Hipotenusa vivió.

22.

LA MULA Y EL BUEY SE PIERDEN

Un día, ya hace muchos años, la mula y el buey del Portal de Belén se fueron a dar un paseo, y al volver a casa se guiaron por otra estrella que no era la de Oriente, que es la que los guiaba al Portal de Belén, y se perdieron.
María extrañada y preocupada, porque no aparecían para dar a su hijo calor, llamó a un ángel. A los pocos minutos, el ángel los encontró y los llevó a casa. Y volvieron a dar calor al niño Jesús.

Vivieron felices para siempre todos juntos en el Portal de Belén

23.-

HISTORIA DE UN COPO

Ésta es la historia de un copo de nieve que se llamaba Coper Plow, al que le llamaremos CP. CP era un copo de nieve normal, pero tenía un problema: Era un aguafiestas (o como dirían los de su “nube”, un derrite-fiestas), pues todas las Navidades estropeaba las fiestas: disparaba aguanieves con su pistola de aguanieves a las luces de Navidad para que se cortocircuitasen; cantaba villancicos eructando (su favorito era “Que tengas felices eructos”); ponía huevos recién sacados de la nevera para que pegaran un petazo al ponerlos al horno… Un año, todos los habitantes, hartos de sus gamberradas, decidieron ir a por él. Pero un anciano les detuvo, y dijo: “¡Bueno, bueno! ¿A qué viene tanto alboroto por un niño? ¿No se acuerdan de cuando eran chicos?”- Todos se miraron los unos a los otros. Era verdad. Así que decidieron hablar con él. Llegaron a su casa, llamaron y CP les abrió y les dijo:- ¿Qué pasa, tíos? ¿Qué copos pasa con vosotros?

-¡Queremos saber por qué nos estropeas nuestras Navidades!- dijeron todos.

-¿Es que no lo entendéis? ¿No veis que vuestras Navidades son aburridas? ¡La gente necesita diversión! Lo hacía para divertiros nada más.- Y desde entonces, sus navidades fueron “diver”.

24.

EL PEQUEÑO COPO

Érase una vez un pequeño copo que cayó del cielo con sus amigos. Se llamaba David, y era el más pequeño, por eso le insultaban y le llamaban enano. David se hartó y se puso a rodar por la nieve para hacerse más grande y para que así le dejasen de insultar. Al día siguiente, en la escuela, sus amigos se quedaron asombrados porque ya no era el más pequeño, ahora es el más grande. Y así se hizo amigo de todos. Pero sus amigos descubrieron que era el más grande y salieron fuera con él. Sin embargo no se dieron cuenta de que estaba el sol y se derritieron todos. Sus padres se pusieron muy tristes porque ya no estarían con sus hijos.

25.

EL HADA DE LOS DESEOS:

Érase una vez un hada que le permitió a un niño pedirle un deseo. El niño pidió su magia, con la excusa de que era para mejorar la situación mundial, y el hada dijo que para eso no hacía falta magia sino paciencia, colaboración y… ¡¡mucha suerte!! El niño se enfadó y le quitó  la  varita, salió corriendo y riéndose como una cabra loca. El niño con la varita quería satisfacer todos sus caprichos y lo del mundo, o lo otro que fuera, le daba igual. Pero al probarla por primera vez se dio cuenta de que no funcionaba y vio que solo era un vulgar palo con una estrella en la punta.

El niño furioso se convirtió en piedra y el hada recuperó su varita que funcionaba con la magia del corazón, la magia de la SOLIDARIDAD.

26.

EL ENIGMA DE LA LUZ DE NAVIDAD

El Sol, cada día más imperceptible, se escondía entre las cumbres empinadas que rodeaban completamente la villa, año tras año era nuestro calendario más fiel.

El primer copo de nieve, este año, cayó encendido en nuestro pueblo frío y oscuro, como una luz radiante, el único niño, Pablo, fue a cogerlo y de forma enigmática, sus manos radiaron a todos los habitantes, de la villa, una sensación de calor y alegría, la Navidad había penetrado en lo más profundo de sus corazones.

Cuenta la leyenda, que tras ese suceso, empezaron los preparatorios para Navidad y que cada año, cuando cae el primer copo de nieve, los habitantes de la villa, sienten una sensación de alegría, pues eso decía, que comienza la Navidad.

27.

Érase  una vez un duende llamado Risín y  le gustaba mucho la Navidad.

Cuando llegó la Navidad Risín se puso muy contento y al salir del colegio, fue a su casa  dispuesto a adornar  el árbol y toda su casa.

Unos días más tarde, empezó a nevar y Risín se entristeció porque los duendes de su especie no soportaban  la nieve, y vivían en zonas donde casi no nevaba. Pasados tres días  Risín se cansó y decidió  hacer un hechizo para que dejara de nevar. Lo más sorprendente es que funcionó. Al acabar la Navidad, Risín pensó que había sido su mejor  navidad, pero lo malo era que tenía que volver  al colegio.

Un día, cuando iba paseando, encontró a dos hablando que podían  haber durado más los días de nieve, por ello estaban muy tristes. Así que Risín, decidió meterse en su casa y hacer un nuevo hechizo, para que volviera a nevar y esos niños se pusieran contentos.

28

Érase una vez dos niños que vivían en la calle. Al poco tiempo llegaba  la Navidad y ellos estaban tristes porque nunca habían pasado una Navidad en familia, sólo pedían que por lo menos tuvieran un regalo de Reyes Magos para poder sentir el cosquilleo que te entra al no saber cuál es el regalo y levantas a tus padres a las siete de la mañana diciéndoles: – ¡papá! ¡mamá! ¡Mira lo que me han traído!

Esos niños sólo quieren sentir un poco de eso…Pedían que alguien les diera de comer pero no pudo ser.

Todo esto se quedó en olvido y los niños de pena lloraron.

29

Había una vez un pueblo donde la Navidad no llegaba siempre. Era verano y un día un niño deseó que nevara y llegara así el invierno.

Al día siguiente en el pueblo se levantó una ola de frío y un  gran manto de nieve cubriendo todo el pueblo. Las clases se suspendieron y niños y padres salieron a jugar con la nieve. Fue un día maravilloso y muy bonito, proclamaron día de fiesta y todos se lo pasaron muy bien.

30.-

Érase una vez una niña que en Navidad hizo un muñeco de nieve y se hizo a migo de él. Al pasar la Navidad llegó la primavera y el muñeco se derritió y la niña desconsolada miraba por la ventana cómo se derretía su amigo. Un  día al levantarse ya no le veía…se derritió. Ella pasó un tiempo bastante triste y todas las noches pedía el mismo deseo: que  el muñeco de nieve volviera a vivir, como si fuera un humano. Al día siguiente al ir al colegio le vio allí convertido en un niño.

La Navidad le trajo el mejor regalo: un amigo inseparable.

31

Érase una vez un niño pobre que no tendría juguetes con que jugar este año de reyes. Un día el niño le dijo a su madre que por qué los Reyes no se habían acordado de él, la madre le respondió que ese día los reyes no leyeron su carta. Esa noche fue mágica, el niño encontró un montón de juguetes junto a su cama, la madre contenta y a la vez triste, pues esos regalos fueron comprados con el dinero que tenía para comer. El niño le dio gracias a Dios  y le pidió un techo donde refugiarse y al día siguiente… ¡se cumplió! La madre sorprendida le dijo a su hijo que cómo lo había hecho y le contestó: “SÓLO HACE FALTA CREER”.

32.-

Tina era una niña solitaria y huérfana que vivía en la calle, sus navidades eran la de los demás habitantes de la ciudad, ya que se pasaba la Navidad de ventana en ventana viendo a las demás familias cómo celebraban y a niños con juguetes nuevos.

Pasaba por allí un hombre y le preguntó a Tina – ¿Por qué no entras?  Ella le contestó que no era su casa, que ella no tenía hogar. Triste por la situación de Tina le invitó a pasar las navidades a su hogar con su familia. Ella aceptó encantada y su amigo le preguntó qué regalo le gustaría tener  y Tina contestó que el mejor regalo sería tener una familia y así fue como Tina tuvo su mejor regalo. Ya no estaría sola nunca más.

33

La Navidad había llegado en Noviembre a juzgar por todas las luces que adornaban la ciudad .Los escaparates estaban llenos de ideas para regalos y de guirnaldas rojas y doradas. Ella sin embargo se mantenía inmune al espíritu navideño porque sabía que aún quedaban muchas batallas que librar. Los días fueron trascurriendo y sin saber cómo, se presento en frente de una puerta envuelta en un vestido dorado. Tocó el timbre lentamente y la puerta se abrió, los labios de su madre la obsequiaban con una sonrisa y cuando se apartó APRA dejarla pasar pudo sentir el abrazo de su hogar. En el salón estaba todo preparado para cenar, allí encontró a su padre, a sus hermanos y a sus abuelos. Sonrió y pensó –“Por fin es Navidad”

34.

TRABAJO SIN RECOMPENSA

25 de Diciembre, los niños salen corriendo para abrir sus regalos, pero… no había regalos bajo el árbol. Los niños estaban tristes y los padres sorprendidos y preguntándose: “¿Dónde están los regalos?, ¿Papá Noel no ha venido?” En efecto, no había realizado el reparto y es que en ninguna casa, ninguna calle, ninguna ciudad ¡había regalos!

¿Dónde está Papá Noel?

Después de mucho investigar, averiguando dónde estaba… En su hogar, se había quedado dormido porque hasta el día de antes había estado trabajando en un regalo especial que le quedaba. Ya estaba cansado, siempre igual, todo el año fabricando regalos para el mundo entero y siempre se hacía la misma pregunta sin encontrar jamás una respuesta:

¿Quién me regala a mí?

CATEGORÍA B

1.

Era ese día donde todas las familias se reúnen para celebrar estas fechas tan señaladas a las que

llamamos Navidad. Mi único vecino de arriba y yo nos despedimos como si fuera a ser la última vez que nos fuéramos a ver.

Unas horas después escucho una música, subo, abro la puerta sin llamar y veo a mi vecino tocando el piano. Pero en ese instante recibo una llamada y me dice que mi único vecino el arriba acaba de morir.

2.

Ella ya sospechaba algo acerca de los Reyes Magos y aquello de que en realidad no eran tres, sino dos, que no iban en camello hasta Oriente para dejarle regalos al Niño Jesús, sino que tenían coches y sufrían dolores de cabeza constantes… Aquel día reunió todo el valor que tenía, se levantó del sofá y le preguntó a su padre intrigada: “Papá, ¿tú crees que los Reyes existen?” El padre ante tal asombro decidió no quitarle la ilusión a su hija de 7 años diciendo: “Pues, claro, ¿quién si no se va a comer las galletas con leche?” Después de cinco minutos, la niña subió a su habitación y escribió en su diario: “Hoy he hablado con mi padre sobre quienes son los Reyes Magos. El pobre no tiene ni idea”.

5.

Quizá ese deseo que invade tu corazón puede cumplirse en esta fecha tan señalada. Un día un padre y su hijo iban juntos a pescar. El hijo le preguntó al padre:

– Papá, podré pescar algún día un pez tan grande que me haga salir en los periódicos y ser eternamente recordado?-

– Sí, hijo, sí- le contestó el padre- algún día podrás.

Tuvieron que pasar 16 inviernos cuando un 25 de diciembre, encerrado en su cuarto y rodeado de trofeos de pesca, ese niño que soñaba con hacerse eterno descubrió algo importantísimo para la ciencia por lo que sería siempre recordado.

Sí, todo es posible en Navidad.

7.

Era la mañana del día de Reyes. Como en todos los hogares españoles, la familia se reunía en torno al árbol, típico en Navidad. Anita y Adrián, los pequeños de la casa, luchaban entusiasmados contra los envoltorios de sus regalos. Josefina y Pedro, sus padres, les acompañaban abriendo los suyos. Aunque con distinta ilusión, todos se preguntaban lo mismo: ¿Cómo se habrían portado los de Oriente este año? De repente Josefina, muy contenta, se abalanzó sobre su esposo y le dio un enorme achuchón en agradecimiento. Este año había recibido el mejor regalo de Reyes gracias a él: los papeles del divorcio.

9.

Eran las tres de la mañana y sin embargo allí estaba con su pijama de flores, sus calcetines hasta las rodillas, su gorro de lana y su manta de ovejas. “Esta vez no se me pueden escapar”, pensó. “Tengo que atraparlos como sea”. Había colocado tres vasos de leche y un plato lleno de galletas sobre la mesa. Todo estaba perfecto.

Las cuatro. Samuel tenía sed. Empezaba a hacer frío.

Las cinco. La minúscula vela que iluminaba el comedor se apagó. Se oyó un ruido.

Las seis. No había ni rastro de ellos.

“No puede ser”, dijo, “¿Se habrán olvidado de mí?”

Sus ojos estaban rojos. Ya no quedaba leche. Decidió irse a dormir. La ventana de su habitación estaba abierta y encima de su cama encontró un paquete y una carta: “Los camellos no caben por la chimenea. Feliz Navidad”

10.

Contaba los días para que llegara la Navidad. Luces y adornos poco a poco poblaban las calles, pero lo importante estaba por llegar. Pasados ya algunos días de diciembre, en mi casa montábamos el Belén todo ordenado. Al final del camino majestuosos aparecían los Reyes Magos. Todas las mañanas mis primeros pasos eran hacia el portal. Con sorpresa veía como los Reyes avanzaban en su caminar día a día, hasta que el 6 de enero aparecían delante del Niño Jesús. Yo era solo un niño e inocentemente preguntaba a mi madre cómo tal cosa podía suceder. Ella con serenidad me contestaba: “Hijo, el secreto está en el corazón”.

Hoy tengo 17 años y como cuando era un niño me levanto cada mañana de Navidad para ver el avance de los Reyes hacia el portal, sabiendo que la verdadera esencia de la Navidad está dentro de mi corazón, como decía mi madre.

11.

Día 1: me acaban de separar de mis compañeros, estoy confuso y mareado.

Día 2: apenas he visto el mundo exterior, me encuentro encerrado en lo alto del armario. Los veteranos me han dicho que no saldremos hasta el día 6.

Día 5: Esta noche ha sido muy ajetreada. Me han bajado del armario y me han envuelto. He notado cómo ponían encima del papel una cinta. Creo que no quieren que me escape.

Día 6: Esta mañana me han despertado demasiado pronto con gritos y barullo. He oído cómo rompían papel. He llegado a tener miedo. He visto cómo iban abriendo mi prisión de papel y una cara sonriente me miraba deseosa. Creo que tengo un nuevo hogar.

12.

De nuevo se acercaba la fiesta más esperada: la Navidad. Como cada año Papá Noel sería el primero al que le escribiese los niños y el primero también en repartir los regalos más esperados. Esta vez, en cambio, Papá Noel se sentía muy cansado. No le gustaba la idea de que los Reyes Magos tuviesen menos trabajo que él y encima ser menos reconocido y menos querido que ellos. Y no sólo eso, además, tenía que aguantar que estos tres le restregaran que tenían más tiempo libre que él. Sin embargo, la fecha esperada llegó y los Reyes Magos se reunieron para ir a repartir sus regalos como de costumbre, pero para su sorpresa se tuvieron que quedar aquel año en casa sin poder salir. Alguien le había robado los camellos.

13.

Este año los Reyes Magos están muy nerviosos. Sus camellos se han puesto en huelga. Les han dicho que están hartos de trabajar con tanto frío, porque a ellos les gusta pisar las ardientes arenas del desierto y no la nieve. Esta mañana los Reyes, al levantarse, han encontrado una nota de sus camellos diciendo: “Nos vamos de vacaciones a Egipto, queremos volver a pisar las cálidas dunas y estar libres de carga. Volvemos el 7 de enero”. Ante esto, a los Reyes no les queda más remedio que pedir ayuda a su eterno rival: Papá Noel. Le han escrito una carta contándole su problema y pidiéndole por favor que les deje sus renos y su trineo. A los renos sí les gusta el frío.

Ahora Papá Noel tenía la oportunidad que tanto estaba buscando; ahora podía vengarse después de todos estos años

14.

¡NO OS PODÉIS IMAGINAR CÓMO ME SIENTO!

Todos los años, por estas fechas, ocurre lo mismo: se ponen las figuritas del Nacimiento, el árbol de Navidad, etc. Pero este año me sucedió algo terrorífico. La noche del 5 de enero, Claudia estaba eufórica pensando que a la mañana siguiente encontraría sus regalos debajo del árbol. Cuando llegó el momento, Claudia bajó corriendo las escaleras y comenzó a abrir todos los regalos que había debajo del árbol. Uno le llamó la atención y nerviosa desenvolvió aquella caja que se movía y hacía ruidos extraños, de ella sacó una cosa que yo nunca había visto antes: tenía cuatro patas, orejas largas y un rabo al final del cuerpo. Esta cosa se acercó corriendo a mí, me cogió con su boca asquerosa y comenzó a morderme. Por suerte, la madre de Claudia no tardó en rescatarme y volvió a ponerme en mi sitio de siempre, con mi postura de siempre: de cuclillas y con los pantalones y los calzones por los tobillos, al lado de ese pastor, rodeado de ovejas y aquellos tres señores a camello pasando por el puente que está al lado.

15.

Este año Papá Noel está preocupado porque su vista no es buena y no entiende bien las cartas. Confunde muñeca con ruleta, avión con camión… Sabe que sus ayudantes están muy ocupados y no tienen tiempo para leer las miles de cartas que les han llegado. Ha decidido incluir una nota pidiendo perdón si se ha equivocado en todos sus regalos. Por primera vez, en cientos y cientos de años, va a escribir una carta a los Reyes Magos, sus eternos rivales, porque necesita unas gafas urgentemente. Su carta dice así:

“Queridos Reyes Magos:

He sido bueno y un poco cabezota, el motivo por el que he decidido escribiros es que no veo bien y necesito unas nuevas gafas urgentemente. Ayudadme y cambiad los regalos que entregue mal.

Un fuerte abrazo,

Papá Noel

16

Esa noche no conseguía dormir. De madrugada escuché unos ruidos, bajé por las escaleras y lo vi. Era más grande de lo que podía imaginar, tenía una grisácea barba y una prominente panza. Acongojado, dejó caer los trozos de piel sobrantes del Pavo de Navidad. Mirándome, Papá Noel solo pudo articular dos palabras ¡Feliz Navidad!

17.

Estaba esperando los regalos de Navidad. Mi madre me levantó por la mañana, miré el calendario, era 5 de enero. Esta noche era el día más esperado del año. Por la noche me acosté para esperar al día siguiente. En mitad de la noche un ruido me despertó. Bajé contenta esperando encontrar a los Reyes Magos comiéndose las ricas galletas que les había dejado, pero, por el contrario, había un olor fuerte y espantoso y me desmayé. Cuando desperté, estaba en mi habitación, mi madre entraba para despertarme. Miré el calendario, 5 de enero, no podía creerlo, otra vez era día 5. Esa noche, cuando estaba dormida, volví a escuchar el mismo ruido y bajé muy asustada, y de nuevo estaba ese horrible olor…y salí corriendo en dirección a mi habitación, pero era tarde, me había vuelto a desmayar. Mi madre volvió a entrar por la puerta y yo ya me estaba cansando de no poder abrir mis regalos. Esa noche volví a escuchar el ruido, en vez de bajar, me quedé en mi habitación. Cuando me desperté, bajé al salón y ahí estaban todos mis regalos, esperándome.

18.

ESTÁBAMOS TODOS JUNTOS EN LA OSCURIDAD.

Había sido un año muy largo, pero todo estaba tranquilo, como siempre. Tras pasar unos minutos se empezaron a escuchar pasos, gritos y las típicas canciones de esta época. Sin darme cuenta empezó a deslumbrarme una luz y algo me tocó, me agarró fuerte y me elevó hacia lo más alto de aquel tremendo árbol. Estaba rodeado de luces de colores y todos me cantaban una canción que decía mi nombre: “Una estrellita pasó caminando pa’ Belén…”

19.

La historia de Papá Noel comienza hace mucho tiempo, cuando el gordito de rojo era el cuarto Rey Mago, llamado Noel. Bien, pues todos los años iban Melchor, Gaspar, Baltasar y Noel el día cinco de enero por la noche, repartiendo felicidad a todos los niños del mundo, pero uno de ellos, el más joven, Noel, se dio cuenta de que a los niños no les daba tiempo a jugar con los regalos, ya que tres días después acababan las vacaciones. Comentó este problema al resto de los Reyes Magos, que no se lo tomaron muy bien y decidieron que Noel dejara de ser Rey Mago. El pobre Noel se quedó muy triste. Pasaron algunos años y la pena no se le pasaba, es como si le faltara algo, por eso decidió llevar su plan a cabo y hacer que los niños disfrutasen de sus juguetes durante toda la Navidad y así, poco a poco, Noel fue el personaje más querido por los niños.

20.

Érase una vez una niña llamada Ana a la que le encantaba la Navidad. Era costumbre en la niña, después de la cabalgata, dejar dos cajas de bombones a los Reyes Magos. Pero un día ocurrió algo que marcó para toda la vida a Ana. Sucedió que la niña tuvo la necesidad de ir al servicio por la noche, con tan mala suerte que encontró en el suelo un envoltorio de un bombón. Fue a comunicárselo a su madre y se la encontró tumbada en su cama, viendo la televisión y comiéndose las dos cajas de bombones y fue cuando Ana pensó: “¡Claro, ya decía yo que te estabas poniendo demasiado gorda desde que nací…!”

Desde entonces odia la Navidad

21.

Unas horas antes de Nochebuena dos niños discutían en la fría calle, llamando la atención de los que estaban cerca de ellos. Uno decía que los Reyes no existían, mientras que el otro afirmaba lo contrario. Tras un largo rato discutiendo, apareció Papá Noel majestuosamente con su carro incandescente y sus elegantes renos, se bajó del trineo y exclamó: “¡No discutáis, no merece la pena!, ¿no veis?, ¡es verdad que existo!”. En ese momento las agresivas facciones de las caras de los niños desaparecieron drásticamente, convirtiéndose en una indiferencia sorprendente. Los chicos se miraron como si se acabaran de encontrar, se despidieron muy amablemente e, ignorando al gigante señor al que parecían no haber visto nunca, se fueron a sus casas.

Papá Noel miraba a todos lados e intentaba llamar la atención de los chicos. Al ver que sus esfuerzos eran en vano, se quedó parado, mirándolos perplejo, mientras que ellos cada vez se alejaban más indiferentes.

22.

Hace años se buscaba en el cielo a la estrella que guiaría a los Reyes Magos hacia el lugar del nacimiento del Mesías. Al oír la noticia, una estrella pequeñita fue recorriendo todo el cielo en busca del famoso astro. Durante el largo camino escuchaba cómo todas las estrellas discutían por cual merecía ese privilegio, pero ninguna observó que la estrellita se iba convirtiendo durante su viaje en el más alto y bello lucero de todo el cielo y que guiados por ella, los tres Reyes Magos caminaban en dirección a Belén. Desde ese día la estrellita brilló más que ninguna, permaneciendo por siempre en el recuerdo de los humanos.

23.

Era de noche y hacía frío. Aquella era la última casa. Papá Noel entró por la chimenea; el modo más rápido. Entró, pero dejó de deslizarse. Estaba atascado. Le corría prisa terminar esa entrega. Hizo apremio de sus fuerzas, pero fue estéril, estaba bien atascado. Así estuvo durante horas y horas.

Cuando amaneció escuchó a la familia querer hacer un fueguecito para calentarse. Al oírlo, Papá Noel tenía un claro objetivo: ¡Escapar como fuese! Hizo intentos y amagos, pero no se movía. El fuego se le acercaba más y más. Ya un duende de su carro, harto de esperar, se asomó a la chimenea y vio a Papá Noel rojo como una guirnalda. Le tendió un cable y con grandes esfuerzos logró liberarlo. Ya fuera, y agotado, Papá Noel se juró no volver a entrar por las chimeneas de las casas.

24

Siguiendo la segunda galaxia, a partir de Centauro, existía un planeta nevado donde estaba la “Gran Fábrica de Sonrisas”. Allí se fabricaban juguetes de todo tipo para enviarlos a los niños de todos los planetas que lo pasaban mal por la pobreza de sus mundos. Eso los hacía felices, al menos durante un tiempo.

La chica despertó y entristeció, dándose cuenta de que todo había sido un sueño.

25.

En un cazo se mezcla un gordito de barba blanca con un traje rojo; se añade un puñado de cartas y se remueve lentamente hasta obtener una masa de regalos. A continuación se vierte el contenido en un trineo y se enfría a 2º C, hasta que la nieve lo cubra por completo. En un recipiente aparte se trocea un abeto y se mezclan bien los adornos, se bate medio vaso de ilusión, una pizca de alegría y dos cucharaditas de deseos y se cubre una ciudad. Finalmente se añade el contenido del cazo, removiendo cuidadosamente, y se hornea durante 365 días: NAVIDAD LISTA PARA TOMAR.

26.

UN SUEÑO POR NAVIDAD

Era Navidad, un hada que volaba por el cielo vio que un arbolito de Navidad no brillaba. Se acercó y le preguntó por qué estaba tan triste, a lo que éste le contestó que cuando acabase la Navidad lo tirarían. Entonces el hada le dijo que pidiese lo que más deseara con todas sus fuerzas, ya que se lo concedería. El arbolito cerró los ojos y cuando los abrió el hada no estaba y pensó que le había engañado. Pero a la mañana siguiente cuando se despertó vio su reflejo en un charco y se dio cuenta de que se había convertido en un hermoso naranjo y las bolas que le adornaban eran grandes y jugosas naranjas.

27.

La experiencia es un grado, por eso se deslizó con increíble facilidad por la estrecha chimenea de los Rocher. Antes no olvidó comprobar que seguía llevando su viejo saco de terciopelo. Existen tres palabras que rompen cualquier tipo de probabilidad estadística debido a que casi siempre suelen aparecer unidas: fría, noche e invierno.

Era una fría noche de invierno. Todos dormían en la planta superior de la casa, así que intentó no hacer ruido por aquel salón iluminado por las luces del árbol de Navidad. Rebuscó en su saco y cuando tuvo lo que quería., penetró en la habitación de los padres. En su interior se situó con cuidado a un lado de la cama, cogió un bote del saco y roció sus caras. Ya no se despertarían. Con los niños haría lo mismo. Entonces cargaría tranquilamente con el dinero, las joyas e incluso el coche. Y estas serían las perfectas navidades para el ladrón y su familia.

28

Hacía frío, pero a él no le importaba, nunca le había gustado eso de la Navidad. Decía que esas cosas no eran de hombres y pasaría las fiestas en la montaña, pues él no creía en el espíritu de la Navidad. Partió hacia la montaña., buscaba la soledad y la reflexión. Anduvo hasta que cayó por un terraplén debido al cansancio, pues tenía demasiados años. Al caer se rompió una pierna. Cuando recobró la conciencia, vio que era su final, pronto nevaría y moriría congelado. La noche se le echó encima, lo único que se escuchaba era el aire frío y la nieve al caer. Por la mañana, estando al borde de la locura, esperando a la “Parca”, se lo encontró un hombre al que no había visto antes. Le entablilló la pierna, le dio de beber y le curó las heridas. Cuando ya llegaban al pueblo éste le dijo al anciano: “Feliz Navidad y tenga fe”. El anciano miró atrás, pero ya no estaba.

29.

¡Jópete… otra vez igual! Que si llegan los abuelos, los tíos, primos… ¡Oh no, qué horror! Otra vez a compartir habitación con el pequeñajo.. ¡Qué asco de Navidad!

– Hola, primo, ya estoy aquí, ¡qué ganas tenía de verte!

– Sí, yo también (Uf… ya está aquí el niñito y querrá que nos pongamos a jugar otra vez a los juegos de críos.

– Oye, ¿qué es eso que tienes ahí?

– Pues, mira, primo, es el último juego de FIFA. ¿Quieres que echemos unas partidas?

Se pasaron toda  la tarde jugando juntos, cuando los llamó su mamá para ir a cenar. Arturito estaba disfrutando a su primo de Papá Noel y juntos se divirtieron con muñecos y bolas navideñas.

30.

EL HOMBRE DEL SACO

Se deslizó por la chimenea de los Fernández, sin olvidar que seguía llevando su viejo saco de terciopelo rojo a la espalda. Los niños dormían plácidamente en la planta superior de la casa, mientras los padres hacían lo propio abajo. Era algo habitual, así que intentó no hacer ruido cuando cruzó el salón iluminado tan solo por las luces navideñas. Rebuscó en su saco, y cuando tuvo entre los dedos aquello que andaba buscando, penetró en la habitación de la señora y el señor Fernández. Se situó a uno de los lados de la cama, extrajo un pequeño bote del saco y roció sus caras con decisión. Sólo quedaba repetir el proceso con los niños y entonces podría cargar tranquilamente con el dinero, las joyas y hasta el coche. Un par de chalés más y estas serían unas vacaciones muy felices para el señor García y su familia.

31.

Ese día se despertó muy temprano, comió muy poco e intentó entretenerse mirando la televisión. Anunciaban juguetes y dulces variados. Cenó engullendo y se fue a la cama. El calor de las sábanas, a pesar de los nervios, se apoderó de él e hizo que se durmiera. A la mañana siguiente puso los pies en el suelo mucho más temprano que el día anterior; introdujo éstos en unas grandes botas negras y se vistió. No podía esperar a repartir los regalos.

32.

¡Por fin! 365 días esperando que llegara este momento. Ya tengo todo mi vestuario preparado. Lo tengo todo colocado y sólo toca esperar que llegue la hora de la cabalgata. Cientos de niños esperan ya colocados por toda la ciudad, deseosos de que Sus Majestades se paseen por las calles repartiendo caramelos. La cabalgata de Reyes es el día más importante para cientos de niños. Al fin llegó la hora, ya estoy arreglado y me dispongo a salir. Antes como un poco de heno para la larga noche. Todos los niños nos miran sonrientes y llenos de alegría, pero yo sólo tengo en la cabeza una cosa, ¡qué Baltasar más gordo me ha tocado llevar este año!

33.

En el momento de dar a luz, la Virgen María vio un destello que intuyó relacionado con los Reyes Magos. Poco a poco observó cómo se acercaban las sombras de tres hombres, que para sorpresa suya le ofrecieron lo siguiente: el primero, le dio la última oportunidad para aprovecharse del plan 2000 E; el segundo, muy trajeado, le informó sobre su baja de maternidad y las oportunidades que tendría para no quedarse en el paro; y el último, la concienció para que no abortara y mantuviera a su hijo en la vida religiosa.

La luz los alumbró a todos deseando ¡FELIZ NAVIDAD 2010 y MEJOR AÑO 2011!

34.

Me desperté y casi automáticamente bajé de la cama y fui hacia el salón. Apenas había dormido esa noche, pero no pude seguir más tiempo en la cama. Era esa sensación que no me dejaba conciliar el sueño y que sentía más fuerte que antes. Entré y esa sensación desapareció. Busqué por toda la casa, pero no había ni rastro de los paquetes envueltos con papel de regalo. Todo seguía exactamente igual que la noche anterior. Decepcionado volví a la cama y me quedé allí metido durante toda la mañana. Cuando volví de nuevo hacia el salón, encontré un paquete de color amarillo chillón al lado del árbol. También había una nota al lado que decía: “Lo sentimos, chico, pero nosotros también notamos la crisis”. Abrí el paquete y lloré al ver su contenido.

35.

Se acerca la Navidad y D. Polvorón y D. Mazapán piensan en volver a encontrarse con sus amigos más dulces como cada año. Pronto se reunirán todos en las bandejas navideñas de cada casa y después de las fiestas algunos habrán desaparecido y otros se reencontrarán con el paso del tiempo. D. Polvorón y D. Mazapán son conocidos porque al ser los clásicos, son los que se comen antes, por ello presumen delante de los demás creyéndose los más buenos y sabrosos.

Esta Navidad, un nuevo amigo, el turrón con sabor a gominola, causa sensación entre las casas y resulta ser el que antes desaparece, quedando avergonzados y resentidos en la bandeja a los dulces de siempre por no haber sido elegidos.

36.

REGALO NAVIDEÑO

Sentado frente al examen trimestral, sin idea de la materia, me pareció escuchar en el techo del instituto el sonido de un trineo. Cerré los ojos para mayor concentración, pero nada…Cuando los abrí, vi el examen resuelto y escrito con carbón en la mesa ¡FELIZ NAVIDAD!

37.

SUEÑOS ROTOS

¡Al fin llegó el día que tanto esperaba! Navidad, ¡qué palabra más hermosa! Desde mi creación he estado imaginando aquel rostro de alegría, de ilusión, ¿cómo será? ¿le gustaré? ¡Oh! los nervios me delatan; debo mantenerme quieto, estático, inmóvil en esta caja de sueños. Ya es la hora. Resuena una voz dulce. Seguro que es encantador…¡Aaaaaah! Era un grito de horror seco y escalofriante. Después, un silencio perpetuo invadió aquel extraño lugar.

38

EL REGALO INVISIBLE

El día de Navidad la familia se reunió alrededor del árbol y comenzó a abrir los regalos. La hija, contenta, entregó una caja al padre con todo su cariño. El padre abrió la caja, pero esta estaba vacía. Con el mayor cariño le dijo a su hija:”Amor mío, sé que tienes la mejor de las intenciones, pero la vida te ha de enseñar que no podemos dar algo que no existe, por muy bien envuelto que esté”. “¡Pero es que no lo ves” respondió la hija, “me pasé una tarde entera llenándola de besos!” “¡ Es verdad”, añadió el padre “gracias por un regalo tan bonito”. Y durante el resto de su vida, siempre que se sentía deprimido o descorazonado, el padre sacaba un beso y volvía a tener el valor suficiente para enfrentarse a sus retos.

39.

EXTRAÑO DESPERTAR

Tengo frío. Abro los ojos y lo primero que veo son dos viejos barbudos y uno negro que me miran con sonrisa siniestra. Me dan miedo. Han traído, según dicen, regalos de Oriente. El oro y el incienso me lo quedo, pero pediré el ticket de la mirra, que no me convence. Tras ellos una cola que parece la operación salida de agosto y encima de mí alguien con alas me anuncia como si fuese un dos por uno. Si soy importante me pregunto por qué tengo una mula y un buey por guardaespaldas. Mientras tanto mi madre le insiste a mi padre que tengo sus ojos y soy clavadito a él. Creo que no se lo cree y discrepa haciendo aspavientos .Pero lo que más me inquieta es saber qué hace un gordo vestido de rojo pataleando y atascado en la chimenea.

40.

SORPRESA

Era el día idóneo. Todas las casas del barrio están vacías, todo el mundo ha ido a la gran fiesta de Navidad. Perfecto .Lo más difícil, encontrar la mejor casa para cometer mi delito; doy un paseo por la calle y paro en la que más adornos tiene y pienso: “Esta tiene que tener buenos regalos”. Espero media hora a que todo el mundo se vaya y entro. Cuando enciendo la luz para cometer el hurto, escucho:”SORPRESA”. Fue algo espeluznante ver a toda mi familia con gorritos de Navidad y regalos por todas partes. Creo que las próximas Navidades me cambiaré de ciudad.

41.

SECUESTRO INESPERADO

Estaban los tres Reyes Magos en casa tomando un café, cuando, de repente, cayeron dormidos como si algo les hubiera drogado. Se despertaron en una habitación oscura, atados. Allí hacía mucho frío y no se tardó en escuchar el sonido de un reno. Melchor dedujo rápidamente quién había cometido el secuestro, evidentemente, papá Noel. Justo en ese momento se escuchó un refunfuño. Papa Noel estaba atado justo al lado de Baltasar. De repente, los cuatro vieron cómo por la puerta de la habitación oscura aparecía a la luz de un candil, una sombra con una gran cola y grandes dientes. Cuando llegó todos se quedaron boquiabiertos. Nunca nadie había barajado esa posibilidad: ¿Cómo era posible que el ratoncito Pérez los hubiera secuestrado?

42.

LOS TRES HERMANOS

Era una noche de invierno. La nieve resplandecía ante Las luces que adornaban las calles. Unos cantando villancicos, otros pasando la noche en familia pensando deseosos en lo que Papá Noel les traería. Ya adentrada la oscura noche algo asoma por la chimenea, tras las cenizas .El padre de la Navidad al llegar a ver el árbol observó algo extraño. Se escuchó caer una red que le atrapó como una rata .¡Aquellos tres desgraciados eran los malhechores-pensando en los adoradores del Mesías. Sin embargo, aparecieron tres hermanos que le piden a cambio de la liberación, cada uno un favor. El mayor, avaricioso, le pide tener toda clase de regalos en sus manos; el mediano, ambicioso, le exige ser poderoso como él, y el pequeño que no quería atrapar la ilusión de miles de niños decide liberarle. Todos los deseos se cumplen: el mayor acabó fabricando regalos, el mediano transportándolos por todo el mundo sin descanso y el pequeño consiguió repartir ilusión: sería el descendiente de Papá Noel.

43.

EL ACUERDO NAVIDEÑO.

Sucedía, como todos los años, que el portal de Belén se llenaba en Navidad de animales, pastores, comerciantes y por supuesto, los Reyes Magos de Oriente. Éstos habían viajado durante todo el verano por el cálido desierto y se encontraban ahora muy abatidos. Sobre todo, Melchor, que hacía ya un par de años que tenía intención de jubilarse. No ocurría lo mismo con Baltasar que durante su viaje había hecho varios amigos. ”Comparemos unos renos como Papá Noel y así Melchor podrá seguir trabajando”. Estaban discutiendo esto cuando oyeron un ruido y vieron que era Papá Noel aparcando en doble fila y que se dirigía hacia ellos: ”Ayudadme ,dijo, este ayudante mío lleva con ganas de evacuar desde que salimos del Polo Norte y a este paso se lo va a hacer encima! ¿Por qué te vamos a ayudar si eres la competencia-respondieron? A lo que Papá Noel contestó: “He oído que Melchor está mayor y no podrá volver a Belén. Tomad estos camellos, uno para cada uno, pero dejad que el niño evacúe, por favor”! Y así, hoy en el portal de Belén hay un chico evacuando y los Reyes siguen trabajando a su larga edad, gracias a los camellos.

44.

LA PELEA NAVIDEÑA

Días antes de las Navidades, los reyes magos y Papá Noel discutieron por no ponerse de acuerdo en quién repartiría más regalos. Decidieron hacer una competición entre los camellos y el trineo y el que venciese sería el ganador .Papá Noel hizo trampas al utilizar todos sus renos y salir antes de la orden. Al final, los Reyes Magos envenenaron a los renos, inutilizaron el trineo y se marcharon a repartir los regalos dejando a Papá Noel en tierra .Y así es como los Reyes Magos ganaron a Papá Noel.

45.

NAVIDAD POLVORONIEGA

Y cuando finalmente se fue a la cama, pensó que en verdad no hacían falta los regalos para disfrutar la Navidad, simplemente un puñado de amigos, ganas de vivir al máximo y polvorones, sobre todo polvorones, miles de polvorones…

46.

LA GORDA BOLA COJA

Un frío día de invierno iban Melchor, Gaspar y Baltasar camino al portal de Belén, cuando, de repente, apareció de la nada cayendo del cielo, una gorda bola roja de apariencia suave. Sorprendidos fueron a ver qué era y si podían sacarle algún beneficio para el pequeño niño Jesús. Cuando se acercaron, la bola roja se levantó muy asustada y los Reyes le preguntaron: “¿Qué hace usted aquí tan solo?” A lo que el hombre respondió: “Melchor, soy Papá Noel. Mi trineo se estrelló y creo que mi pierna está rota. Si quieren pueden ayudarme y así podremos ir los tres en él”. Encontraron el trineo gracias al sonido de los renos y todos juntos pusieron rumbo al portal de Belén-.

47.

EL ORIGEN DE LA NAVIDAD

Hace mucho tiempo en un lugar donde el agua es sólida, nació un niño con obesidad y que desde pequeño tendía a regalar cosas a sus amigos y a vestir de una extraña forma: siempre de color rojo. Le gustaba mucho la amistad, pero no era muy bueno en el colegio. Esta fue una de las razones por las que dejó los estudios para buscar un trabajo. Al final, después de mucha búsqueda encontró uno como repartidor de regalos. Y cada año este señor, llamado Santa Claus, viene en tiempos de Navidad para darnos un presente dependiendo de cómo nos hayamos portado.

48.

ESENCIA

Había una vez en la antigua Grecia un gran filósofo que cogiendo una bola de un árbol de navidad, la miró y con una extraña mueca en su cara dijo: “Miren ustedes, esto que ven aquí no es una bola de Navidad, sino la esencia de la Navidad”. Tras esto con una gran sonrisa dijo: Feliz Navidad a todos.

49.

LA VENGANZA

Todo el mundo conoce la rivalidad existente entre Santa Claus y los Reyes, tanta que no cabe en este microcuento. Un día en Nochebuena los Reyes-que ya son adultos-bebieron más de la cuenta y se dedicaron a desprestigiar a Santa Claus. Éste, furioso, el día de Reyes se despertó tres horitas antes y cambió el agua de los camellos por laxantes y las galletas de los Reyes por cubos de sal. Tal fue la intoxicación que cogieron que al año siguiente no hubo Reyes, puesto que seguían encerrados en sus cuartos de baño. Sin embargo, un día de verano del cielo llovieron regalos que por el peso no habían podido ser entregados. Pero fueron tales los destrozos causados que todo desembocó en una total pérdida de prestigio de los Reyes. Así que lo que comenzó como una broma se convierte en lo que pasa hoy. La gente recuerda más a Santa Claus que a los Reyes, siendo estos TÍPICAMENTE ESPAÑOLES.

50.

Era Nochebuena. El frío gélido del invierno corrompía los frágiles huesos de la gente. Aún así, la plaza seguía abarrotada. Era un bello jardín de luces, risas, abrazos y sueños por cumplir. Los dos amigos estaban de pie frente al árbol navideño. ”Toma. Esto es para ti”, le dijo la chica. ”Pero es que yo no te he traído nada”, más que decirlo, lo susurró él. ”No pasa nada”. Pero el joven se fue. Jamás sabría que un simple ”te quiero” le hubiese bastado.

51.

Aquella nevada noche de navidad, mientras caminaba por esas estrechas y solitarias calles, mis ojos percibieron la presencia de una bella dama. Yo le pregunté que si le dolía algo. Ella me lo negó con la cabeza extrañada. Bajé la cabeza, empecé a sonreír y la miré a los ojos: “Es que me parece que te has caído del cielo”

52.

Se moría de frío, sus manos temblaban, no sabía por qué…Sería de frío, sería de miedo o simplemente la necesidad de mover algo de su cuerpo para no quedar atrapado en la inmensa oscuridad. Sólo podía mirar al cielo y suspirar por un milagro de Navidad.

CATEGORÍA C

1

WIKILEAKS EN ACCIÓN

Después de la publicación de las revelaciones del Wikileaks sobre los documentos secretos de la diplomacia americana en que se ponen al descubierto las vergüenzas de los dirigentes mundiales, se ha sabido de otros papeles secretos no menos importantes que afectan ciertos personajes de Oriente. Son millones de cartas que nunca hasta ahora habían visto la luz. Como esta de un niño haitiano. “Majestades, me gustaría que me trajeran una vivienda, agua potable, medicinas para curarme, un libro para soñar un poquito… Un papá que no me abandone… Una miajita de dignidad no más”. No se sabe hasta la fecha que haya tenido respuesta, ni que esos señores tengan programado, tampoco este año, un viaje oficial a esa zona.

2.

NOCHE DE FIESTA

Dijo que se encargaría él de comprar el árbol. Se acercó al mercadillo de Navidad y compró el abeto más grande que encontró. A la vuelta, se topó con un antiguo compañero de farras.

– Dejo el árbol en casa y nos tomamos una.

Pasada la medianoche, traspasaba la cancela del jardín. Como no atinaba con la llave, tuvo que entrar por la ventana de la cocina. Se dirigió al salón y encendió la luz. Un espacio tan repleto de adornos que lo hacían irreconocible. Guirnaldas, bolas papanoeles rampantes… Y el árbol. Allí estaba. En la mesita de un rincón: un bonsái con adornos multicolores que le miraba con aire burlón.

– ¡Vaya! Está visto que no se les puede dejar solos.

3.

RÉGIMEN DE VISITAS

Yo ya sabía que mi padre era un bromista. Últimamente le veía poco. Un fin de semana al mes y un día entre semana, no más, era el estricto régimen de visitas establecido. Cuando llegaron las vacaciones de Navidad, insistió para que pasara los Reyes con él. No pudo ser. “Tendrás noticias de mí”, me dijo con un tono misterioso. La noche de Reyes llamaron a la puerta y aparecieron ante nosotros los tres Magos de Oriente. Tan bien vestidos, tan bellos, tan reales. El rey Baltasar se dirigió a mí y me entregó un enorme paquete que estreché emocionada entre mis brazos. Luego, volviéndose a “él”, le alargó un saquito de esparto y, con extraño acento en el que bailaban las erres:

– Para ti, ¡Carbón!

Y mirándola a ella:

– Y para ti, ¡Carbona!

4.

REYES ALTERNATIVOS

Este año iba a ser diferente. Estos Reyes van a ser una sorpresa, había dicho papá. Que fueran olvidándose de poner en sus cartas que se habían portado bien, que habían sido obedientes, que hacían las tareas del cole… Frío. Una pista. Los Magos no solo ven lo que hacemos, sino que leen en nuestro rostro lo que pensamos y sentimos pero no decimos. Ese brillo en los ojos en los que una lágrima no arranca pero está ahí, ese temblor en los labios, esa mirada fijan en la pantalla de la tele en la que alguien, otro niño, lejos, muy lejos, llora en brazos de su madre, de hambre, de frío, de miedo… De no futuro. Nochebuena en Haití.

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Un pensamiento en “II CONCURSO COPOCUENTOS NAVIDEÑOS

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